Son las putas de Puerto Cabezas. Ellas conocen, por confidencias de cama, el lugar exacto donde los marines norteamericanos han hundido cuarenta rifles y siete mil cartuchos. Gracias a ellas, que jugándose la vida desafían a las tropas extranjeras de ocupación, Sandino y sus hombres rescatan de las aguas, a la luz de las antorchas, sus primeras armas y sus primeras municiones.